miércoles, 16 de noviembre de 2016
¡Iglesia baja!
Ayer; mientras gozaba de mi acostumbrado peregrinaje en microbús de regreso a casa, tuve un viaje casi astral hacia mi infancia recordando al buen Enatru, un transporte totalmente moderno para su época y el cuál desde mi perspectiva pueril era subirse a un “carraaazo”. Pero también recordaba al transporte de antaño, ese en donde encontrabas todos los stickers más maleados que puedas imaginar y sin censura alguna: “orine feliz, orine contento, pero orine adentro”, “aquí el cobrador, la música y el chofer son chéveres”, “tú con tantas curvas y yo sin frenos”, “Olvidarte de mí podrás, pero de lo que hicimos jamás”“más vale perder un minuto, que la vida en un minuto” “si salió tarde, no es culpa del chofer (con imagen de Condorito corriendo)” o la distorsión de las marcas –logo incluido- “Coma-Caca, Kochinos, Chucha’s (en vez de Chiclet’s), etc” y el no menos clásico sticker del león corriendo con cadenas en las patas o a un Taz, Pato Lucas o Bugs Bunny vestidos de pirañas. Así mismo sus buenas fotos mañosas de calatas o siluetas de las mismas. No existía el noble Asiento Preferencial, aquí era todo a las ganadas y poco sentido común. Recuerdo uno que otro tío fumando su pucho dentro del carro, sin roche, pero si respetuoso de alguien que le diga lo apague porque hay niños. El cobrador azadazo porque no le pagas con sencillo, o empujando a la gente al fondo porque “hay sitio”. Seguramente se me están pasando un montón de frases, situaciones y detalles memorables, pero simplemente recordé ello. A pesar de que esas artes decorativas ya se extinguieron, la cultura del pasajero y transportistas hoy siguen siendo muy parecidas a esa época. Hoy, al menos mis queridos audífonos me mantienen cuerdo en estas travesías. ¡Iglesia baja!
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario